LOS DOS MOMENTOS DE LA POLÍTICA
La política guatemalteca vive una desconexión creciente entre la campaña electoral y el ejercicio del poder. Antes, las propuestas, ideologías y trayectorias daban coherencia a ambos momentos; hoy, la lógica del entretenimiento domina la política. En la era del TikTok, los votantes eligen carisma y ocurrencias, no liderazgo ni visión. Sin embargo, el verdadero reto inicia tras la elección: gobernar con principios, asumir decisiones difíciles y responder ante la ciudadanía. La falta de estadistas se combina con una sociedad civil pasiva, incapaz de fiscalizar y exigir rendición de cuentas. Así, el espectáculo electoral sustituye el compromiso democrático, vaciando de contenido la responsabilidad política.
¿PODREMOS SALIR ADELANTE?
Guatemala enfrenta el desafío de reformar su sistema electoral y de partidos, debilitado y capturado por intereses que bloquean el cambio. La ausencia del Estado en servicios básicos ha generado un vacío de ciudadanía, alimentando la desconfianza hacia las instituciones. Aunque las reformas dependen de una clase política que se beneficia del statu quo, también requieren presión social. El clima de polarización dificulta acuerdos, pero experiencias pasadas muestran que el país puede alcanzar consensos en momentos clave. Sin una agenda mínima compartida, la fragilidad democrática corre el riesgo de convertirse en una amenaza real para el futuro nacional.
DIALOGAR, AUNQUE CUESTE
El clima de crispación y confrontación ha paralizado la transición política iniciada con la lucha contra la corrupción. La polarización en “tribus ideológicas” impide construir soluciones y atenta contra el pluralismo democrático. Superar la crisis exige acuerdos basados en el diálogo ciudadano, que llenen el vacío dejado por la clase política y devuelvan sentido al proceso de transformación institucional.
LA INCAPACIDAD DE DIALOGAR
Inspirado en una columna de Arturo Pérez-Reverte, este análisis critica la situación política guatemalteca, marcada por la apatía ciudadana, la incapacidad para debatir con respeto y una profunda polarización ideológica. En un contexto donde cualquier opinión contraria es vista como una amenaza y donde se presume que todos tienen una agenda oculta, se dificulta construir consensos democráticos. La comparación con España revela que la violencia y el odio político siguen latentes, y en Guatemala, incluso más peligrosamente activos. La salida requiere asumir con madurez la historia conflictiva del país, enseñar una versión completa y crítica de la misma, y fomentar líderes honestos, además de abrir espacios reales para el diálogo y la reconciliación.