PELIGROSA ECUACIÓN
La incapacidad del Estado para proveer servicios esenciales refleja una ausencia que erosiona la confianza ciudadana y debilita la democracia. A esto se suma el creciente desencanto social frente a la corrupción y la mala gestión, agravado por la pandemia. Cuando a estos factores se añade un detonante puntual —como en Chile o Guatemala en 2020— surge el riesgo de un estallido social que favorece el ascenso de movimientos populistas radicales. Aunque inicialmente atractivos, estos generan incertidumbre, deterioro económico y pérdida de paz social. Evitarlo exige rescatar y fortalecer las instituciones fundamentales del Estado, única garantía de estabilidad y desarrollo.
EXLCUSIÓN, DIÁLOGO Y CAPITAL SOCIAL
Los trágicos sucesos en Totonicapán evidencian la fragilidad institucional de Guatemala y la urgente necesidad de establecer mecanismos sólidos de diálogo nacional. La falta de canales efectivos para que los diversos sectores sociales expresen sus preocupaciones y aspiraciones agrava la sensación de exclusión y marginalidad. Inspirado en experiencias internacionales, se propone fortalecer el Consejo Económico y Social (CES) como espacio plural, informado y autónomo, capaz de fomentar consensos sostenibles. Para ello, es indispensable invertir en capital social, generar confianza entre actores y reforzar las instituciones clave del Estado, sin lo cual ningún progreso duradero será posible.