
CATÁSTROFE E INSTITUCIONES
La erupción del Volcán de Fuego reveló, además de la enorme solidaridad ciudadana para apoyar a los damnificados, la precariedad estructural del Estado. Desde la falta de catastros actualizados y ordenamiento territorial, hasta la ausencia de infraestructura adecuada y protocolos de emergencia, la tragedia mostró un sistema institucional incapaz de prevenir y responder eficazmente. En la reconstrucción, la desconfianza en el manejo de los recursos públicos amenaza con entorpecer la atención a las víctimas. El verdadero desafío radica en fortalecer instituciones capaces de prevenir riesgos, brindar servicios básicos y elevar la productividad, única vía para reducir la vulnerabilidad y mejorar la vida de la población.

CATÁSTROFE E INSTITUCIONES
La erupción del Volcán de Fuego demostró la capacidad solidaria de la población frente a la emergencia, pero también expuso la fragilidad institucional del Estado en prevención, atención y reconstrucción. Mejorar la productividad y reducir la vulnerabilidad de la población requiere construir instituciones funcionales que provean servicios básicos y fortalezcan la gestión de riesgos.

DESAFÍOS TRAS LA TRAGEDIA
El reciente terremoto expone la alta vulnerabilidad de Guatemala frente a los desastres naturales, agravada por la precariedad de la infraestructura y las condiciones de vida de miles de personas. Estos eventos implican pérdidas humanas irreparables y grandes costos económicos: desde gastos inmediatos de emergencia hasta daños al capital y reducciones en la capacidad productiva a mediano plazo. Se identifican seis desafíos clave: evitar distorsiones en los cálculos de daños, asumir la reconstrucción localmente, garantizar transparencia, mejorar la calidad de la obra pública, implementar medidas preventivas, y fomentar el desarrollo económico y social como la mejor protección frente a futuras catástrofes.

EL TEMPORAL SIN NOMBRE
El Temporal Sin Nombre ha dejado al descubierto nuevamente la fragilidad de la infraestructura de Guatemala y la desprotección de miles de ciudadanos ante eventos climáticos extremos. Más allá de los daños inmediatos, la falta de prevención y desarrollo económico incrementa la vulnerabilidad y los costos de estos desastres. La respuesta estatal ha sido históricamente lenta e ineficiente, lo que resalta la urgencia de políticas públicas enfocadas en prevención, reconstrucción de calidad y crecimiento sostenible como única vía para reducir los impactos futuros.