PROPIEDAD, INSTITUCIONES Y DESARROLLO REAL
En esta columna publicada en Prensa Libre, reflexiono sobre la relación entre los derechos de propiedad y el fortalecimiento institucional.
Inspirada en el diálogo con Hernando De Soto y Lorenzo Montanari, la columna argumenta que la prosperidad no surge de los decretos ni del gasto público, sino de la certeza jurídica y la libertad que otorgan los derechos de propiedad bien protegidos, defendibles y transables.
UNA PIEZA EN EL ROMPECABEZAS ANTICORRUPCIÓN
La creación de una Secretaría de Integridad Pública es una iniciativa positiva, pero no suficiente. El combate a la corrupción en Guatemala requiere reformas más profundas: profesionalización del servicio civil, digitalización del gasto, justicia independiente y una Contraloría con dientes de acero.
PUERTOS: LA GRAN REFORMA PENDIENTE
Los puertos son la llave de la competitividad de Guatemala. No obstante, nuestro sistema portuario sigue atrapado en leyes incompletas, gobernanzas fragmentadas y limitaciones que frenan tanto la eficiencia operativa como la atracción de inversión. En el Congreso hay dos iniciativas de ley que pueden complementarse para construir un marco legal moderno y que otorgue certeza jurídica. La discusión de la reforma portuaria debe asumirse como un asunto de Estado.
NO HAY GASTO MÁGICO SIN INSTITUCIONES FUERTES
Incrementar el gasto público en infraestructura no garantiza desarrollo si el aparato estatal sigue atrapado en corrupción, falta de capacidad y temor a la justicia politizada. En esta columna publicada en Prensa Libre reflexiono sobre los riesgos de los “atajos” y las salidas pragmáticas que Guatemala puede explorar.
LAS REGLAS DEL JUEGO SÍ IMPORTAN
Basada en mi participación en un foro reciente de FUNDESA, esta columna analiza por qué la justicia y las políticas públicas importan más de lo que se suele admitir cuando se habla de atraer inversión. Sin reglas claras y un Estado que funcione, Guatemala no despegará.
APRENDER DE LA EXPERIENCIA CHINA
El caso de China demuestra que el desarrollo económico puede construirse gradualmente a partir de instituciones débiles, si se aplican políticas pragmáticas y adaptativas. Según Yuen Yuen Ang, el país logró transformar la corrupción, la ineficiencia y la fragilidad jurídica en oportunidades para crear mercados dinámicos y fortalecer su institucionalidad. Las lecciones clave incluyen apostar por el cambio gradual, fomentar la gobernanza flexible, combatir la corrupción mediante incentivos y transparencia, y garantizar derechos de propiedad claros. También subraya la necesidad de fortalecer el poder judicial, priorizar inversiones en servicios públicos y promover alianzas público-privadas e innovación. Guatemala podría adaptar estas estrategias para impulsar un crecimiento inclusivo y sostenido.
RUTAS PARA EL DESARROLLO
El progreso de Guatemala requiere abandonar el populismo improvisado y seguir modelos probados por países que han superado la pobreza mediante políticas sólidas. Las ideas de Amartya Sen subrayan la importancia de ampliar las capacidades humanas, invertir en educación y salud, fortalecer instituciones y combatir la corrupción. Fomentar la inclusión económica, las redes de protección social y la infraestructura son pilares esenciales para el crecimiento sostenido. Asimismo, garantizar justicia y participación ciudadana fortalece la cohesión social y la gobernabilidad. El desarrollo no surge de ocurrencias políticas, sino de estrategias fundamentadas en conocimiento, evidencia y experiencia internacional. Aprender de los que saben es el camino más sensato hacia el bienestar.
EL DR. JEKYLL Y EL SR. HYDE
La mejora en la calificación crediticia de Guatemala por parte de Fitch evidencia una economía resiliente y estable en sus fundamentos macroeconómicos, apoyada por las remesas, la disciplina fiscal y la autonomía del banco central. Sin embargo, esa fortaleza contrasta con un lado oscuro: un crecimiento estructuralmente bajo y una gobernanza debilitada por la corrupción y la falta de estado de derecho. La metáfora del Dr. Jekyll y Mr. Hyde refleja el riesgo de que la fragilidad institucional termine dominando las virtudes macroeconómicas si no se enfrentan con decisión.
PROCESO ELECTORAL: ¿NUESTRA FORTALEZA?
El Índice de Democracia de The Economist sitúa a Guatemala como un “régimen híbrido” con 4.98 puntos, reflejo del deterioro democrático que afecta a gran parte de Latinoamérica. Los aspectos más débiles son la cultura política y la participación ciudadana, ambas marcadas por la desconfianza en las instituciones y el desencanto con la política. Sin embargo, el proceso electoral y su nivel de pluralismo se mantienen como los pilares más sólidos del sistema. En este contexto, el Tribunal Supremo Electoral enfrenta el reto de garantizar elecciones transparentes, eficaces y creíbles, evitando los errores del pasado. Solo fortaleciendo la institucionalidad democrática podrá evitarse un nuevo retroceso en el índice y recuperar la legitimidad del sistema político.
LIBERTAD, SUBSIDIARIEDAD, SOLIDARIDAD
La Economía Social de Mercado (ESM) busca equilibrar la eficiencia del mercado con la equidad social y la democracia, respetando las libertades individuales y garantizando la dignidad humana. En Guatemala, aunque la Constitución refleja muchos de sus principios, la ESM no se ha consolidado por falta de claridad política e institucional. Si bien el país mantiene estabilidad macroeconómica, sus debilidades institucionales y de gobernanza impiden un orden económico eficiente y justo. Para avanzar, se requiere fortalecer las políticas de ordenamiento, consolidar el marco jurídico y promover liderazgos comprometidos con la creación de instituciones sólidas que aseguren productividad, competitividad y cohesión social.
EVALUACIÓN DEL RIESGO-PAÍS
Las recientes evaluaciones de S&P y Fitch ratificaron la calificación BB- para Guatemala, pero mejoraron la perspectiva de estable a positiva, resaltando la estabilidad macroeconómica, el bajo endeudamiento, la independencia monetaria y la resiliencia de las remesas. Sin embargo, el país sigue sin alcanzar el grado de inversión debido a sus debilidades político-institucionales. Entre ellas destacan la débil gobernanza, la percepción de corrupción, la polarización política y la falta de políticas de largo plazo que limiten la inversión y el crecimiento. A diferencia de consultoras como COPADES, las calificadoras internacionales consideran que estas deficiencias estructurales son el mayor obstáculo para acceder a mejores condiciones financieras internacionales.
POLÍTICA, PRODUCTIVIDAD Y CRECIMIENTO
Tras el repunte económico de 2021 y 2022, Guatemala enfrentará un retorno al bajo crecimiento tendencial cercano al 3.5%. La causa central es la baja productividad, originada en la deficiente provisión de bienes públicos como seguridad, justicia, educación e infraestructura, así como en políticas que distorsionan la economía. Este estancamiento puede fomentar frustración social, abrir espacio al populismo y, con ello, a decisiones que deterioren aún más la estabilidad económica. Para revertirlo, no basta con disciplina macroeconómica: se requiere fortalecer las instituciones políticas, garantizar el Estado de derecho y promover políticas que mejoren la productividad y la movilidad social.
2022, DESAFÍOS ECONÓMICOS (Parte II)
Aunque Guatemala mantiene estabilidad macroeconómica, su crecimiento ha sido históricamente bajo, con uno de los peores desempeños de PIB per cápita en Centroamérica y Latinoamérica. Las principales causas son la reducida inversión en infraestructura, inferior al 15% del PIB, y una productividad laboral estancada durante décadas. Superar este desafío estructural exige garantizar certeza jurídica y fortalecer instituciones que generen confianza, promuevan inversión y permitan la adopción de tecnologías. Reformar sistemas como justicia, servicio civil, partidos políticos y regulación de mercados es indispensable para mejorar la productividad sistémica, asegurar crecimiento sostenido y ampliar las oportunidades de bienestar para la población.
¿SOMOS UNA ECONOMÍA EN DESARROLLO?
Las clasificaciones de países emergentes por niveles de ingreso o modelos de desarrollo no reflejan del todo las realidades económicas. Guatemala, cuyo crecimiento se sostiene en el consumo y los servicios alimentados por remesas, encaja en el modelo terciario. Sin embargo, ningún modelo garantiza por sí mismo el desarrollo; los casos de éxito muestran que lo decisivo es la existencia de instituciones sólidas, certeza jurídica, paz social y políticas de largo plazo. Sin estos elementos, incluso las estrategias más prometedoras fracasan. La clave, por tanto, no está en copiar un modelo, sino en crear condiciones institucionales y de gobernanza efectivas.
PELIGROSA ECUACIÓN
La incapacidad del Estado para proveer servicios esenciales refleja una ausencia que erosiona la confianza ciudadana y debilita la democracia. A esto se suma el creciente desencanto social frente a la corrupción y la mala gestión, agravado por la pandemia. Cuando a estos factores se añade un detonante puntual —como en Chile o Guatemala en 2020— surge el riesgo de un estallido social que favorece el ascenso de movimientos populistas radicales. Aunque inicialmente atractivos, estos generan incertidumbre, deterioro económico y pérdida de paz social. Evitarlo exige rescatar y fortalecer las instituciones fundamentales del Estado, única garantía de estabilidad y desarrollo.
POLÍTICAS SOCIALES Y DESARROLLO
Las políticas sociales en Guatemala han carecido de coherencia y continuidad, lo que limita su impacto en la reducción de la pobreza y el desarrollo humano. Estas deben concebirse como complemento de las políticas económicas, ya que juntas fortalecen la demanda interna y el crecimiento. Sin embargo, la baja productividad laboral —una de las más rezagadas del continente y estancada por 15 años— refleja el peso de un entorno institucional débil. Migrantes que prosperan en otros países demuestran cómo la productividad depende del contexto. Por ello, fortalecer justicia, gobernanza y gestión pública es esencial para políticas sociales eficaces.
EL CÍRCULO VICIOSO DE LA MEDIOCRIDAD
El deterioro en la calidad de los funcionarios ha derivado en un Estado incapaz de garantizar servicios básicos y en una creciente percepción de corrupción. Más que un problema aislado, la corrupción refleja una enfermedad mayor: la mediocridad en la gestión pública. La solución duradera no radica en perseguir casos individuales, sino en fortalecer instituciones que atraigan a profesionales capaces y velen por un servicio público eficiente. Mientras las instituciones permanezcan débiles, seguirán predominando la improvisación, el cortoplacismo y el clientelismo. Romper este círculo vicioso requiere reformas profundas en justicia, servicio civil, control del gasto y partidos políticos.
CRISIS Y DESCONTENTO
La recesión causada por la pandemia dejó secuelas en ingresos, empleo y producción, creando un ambiente de insatisfacción social. Si no se responde con políticas públicas eficaces, el descontento puede escalar hacia protestas e ingobernabilidad, como ya ocurre en Guatemala. Estudios muestran que los disturbios sociales reducen el PIB y golpean con más fuerza a países con instituciones débiles. Decisiones políticas polémicas, como la destitución del jefe de la FECI, en un contexto de crisis sanitaria y desconfianza ciudadana, solo aumentan la tensión. La salida exige prudencia, diálogo y políticas que generen empleo, transparencia y confianza en las instituciones.
LA CAUSA FUNDAMENTAL DE LA MIGRACIÓN
El plan del Ejecutivo de encargar al Ministerio de Desarrollo una encuesta sobre pobreza y migración resulta innecesario, pues ya existen datos del INE y abundante evidencia que explica el fenómeno: los guatemaltecos migran porque en Estados Unidos pueden generar ingresos cinco veces mayores que en su país. La diferencia radica en la productividad, impulsada por instituciones sólidas, certeza jurídica y servicios públicos de calidad que permiten a los trabajadores desarrollarse. En Guatemala, la clave no es inventar nuevas encuestas, sino fortalecer al INE y aplicar reformas que mejoren la gobernabilidad, la inversión y la productividad para reducir sosteniblemente la migración.
GUATEMALA FELIZ (2021)
El noveno Reporte Mundial de Felicidad sitúa a Guatemala en el puesto 30 global, mostrando que la satisfacción con la vida se mantiene pese a la pandemia. La buena calificación se explica por la libertad de decisión y la capacidad de experimentar emociones positivas, mientras que ingresos, apoyo social, salud, generosidad y percepción de corrupción presentan niveles bajos. Esto evidencia que la felicidad depende más de la confianza en los demás y en las instituciones que de la riqueza material. Mejorar la calidad institucional y la capacidad de generar ingresos podría elevar aún más la satisfacción de los guatemaltecos.