
FORTALEZAS DE LA ECONOMÍA
El cierre de año y de gobierno ofrece la ocasión para analizar las principales fortalezas de la economía guatemalteca. De acuerdo con calificadoras y organismos internacionales, destacan cinco pilares: estabilidad macroeconómica con bajo déficit fiscal, inflación controlada y crecimiento sostenido; niveles reducidos de deuda pública en torno al 25% del PIB; una posición externa sólida gracias a remesas y reservas internacionales; políticas fiscales y monetarias prudentes respaldadas por la autonomía del Banco Central; y la continuidad de elecciones periódicas que permiten alternancia democrática. El reto de las nuevas autoridades será preservar estas fortalezas, fortalecer la institucionalidad económica y consolidar la credibilidad política.

DESIGUALDAD: REALIDAD Y PERCEPCIÓN
Las violentas protestas en Chile pusieron en el centro del debate el tema de la desigualdad, lo que invita a revisar los datos en Guatemala y la región. Según cifras del Banco Mundial, el país ha reducido su desigualdad de manera notable: de un índice de Gini de 59.6 en 1990 a 48.3 en 2017, impulsado sobre todo por cambios en el mercado laboral y por las remesas. Sin embargo, la percepción ciudadana indica lo contrario, generando una paradoja que amenaza la paz social. Esta brecha refleja que las personas demandan más que ingresos: buscan calidad de vida, seguridad y servicios públicos eficientes.

POLÍTICA FISCAL SIN DISCIPLINA
La conducción macroeconómica de Guatemala se sostiene en una política monetaria sólida y regulada, pero contrasta con una política fiscal débil y carente de disciplina. La Ley Orgánica de Presupuesto es meramente operativa y es sistemáticamente irrespetada en la aprobación anual del gasto público, lo que refleja improvisación y falta de visión estratégica. La no aprobación del presupuesto 2020 es un ejemplo de esa fragilidad, que genera incertidumbre, eleva riesgos en los mercados y reduce la credibilidad del país. A diferencia de la mayoría de países latinoamericanos, Guatemala carece de reglas fiscales explícitas que limiten el déficit, controlen la deuda y promuevan inversión en infraestructura. Sin un marco normativo coherente y responsable, las finanzas públicas seguirán deteriorándose, arrastrando consigo rigideces estructurales y déficits insostenibles como el del sistema de jubilaciones.

REACTIVACIÓN ECONÓMICA ¿PAR CUÁNDO?
La economía nacional enfrenta un crecimiento estancado en torno al 3%, por debajo del 4% histórico y lejos del 6% necesario para mejorar el desarrollo. Factores internacionales como la debilidad del comercio mundial y la caída de la inversión se suman a problemas internos como la incertidumbre política, la baja confianza de consumidores e inversionistas y la incapacidad institucional para ejecutar proyectos públicos. Las herramientas tradicionales de política fiscal y monetaria tienen un alcance limitado: el gasto está restringido por baja recaudación y rigidez presupuestaria, mientras que la transmisión de medidas monetarias se ve afectada por la débil penetración financiera. En este contexto, solo un cambio en las expectativas políticas podría generar el optimismo necesario para reactivar la economía y fortalecer la confianza empresarial.

SOMBRAS EN LA ECONÓMICA MUNDIAL
El pronóstico del FMI advierte que el crecimiento mundial será menor de lo previsto en 2019 debido a disputas comerciales, el Brexit y el debilitamiento de economías como Alemania e Italia. Esta desaceleración impacta a los mercados emergentes, afectando la inversión y la confianza financiera. Para Guatemala, la fortaleza de la economía estadounidense ofrece un respiro, impulsando exportaciones y remesas, aunque la apreciación del dólar reduce competitividad en otros mercados. Ante este escenario, resulta fundamental que la política monetaria y fiscal actúen de manera coordinada: relajando las condiciones monetarias, permitiendo una leve depreciación del quetzal y aumentando el gasto público en infraestructura, con el fin de moderar los efectos externos y sostener el crecimiento interno.

RIESGOS PARA LA ECONOMÍA
Una misión técnica del FMI concluyó que, pese a la estabilidad macroeconómica de Guatemala, el crecimiento de 2018 apenas llegó al 3 % debido a la caída de exportaciones, la baja inversión en infraestructura y el desplome de la minería. Para 2019, el panorama sigue limitado por un año electoral incierto y riesgos globales como la guerra comercial de EE. UU. y las políticas antimigratorias que afectan las remesas. El Fondo señala que los desafíos de mediano plazo requieren reformas institucionales y fiscales para fortalecer servicios públicos e impulsar productividad. Sin embargo, en el corto plazo identifica margen para dinamizar la economía mediante mayor gasto público en infraestructura y un relajamiento monetario gracias a la baja inflación, rompiendo con su tradicional receta de austeridad.

EL ENSUEÑO DE LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL
Aunque la renta básica universal se plantea como una solución directa a la pobreza extrema, su aplicación en Guatemala resulta inviable por los altos costos que implicaría: más del 20% del PIB y el doble de los ingresos tributarios. Propuestas para reducir el monto o cobertura desvirtúan el concepto, y la experiencia con programas similares ha demostrado vulnerabilidad al clientelismo y la corrupción. Antes de considerar un esquema como este, el Estado debe fortalecer su institucionalidad y priorizar el gasto en áreas esenciales como salud, educación e infraestructura.

EL PRESUPUESTO 2018: CUESTA ARRIBA
El proceso de aprobación del presupuesto 2018 en Guatemala enfrenta una grave crisis de liderazgo político tras la renuncia del ministro de Finanzas y su equipo. El proyecto incorpora estimaciones macroeconómicas poco realistas, déficits fiscales elevados, y un preocupante aumento del gasto corriente financiado con deuda, en contravención de la Ley Orgánica del Presupuesto. La falta de reformas estructurales para asegurar la transparencia en sectores clave como infraestructura, y el riesgo de que el presupuesto anterior quede vigente, ponen en juego la eficacia del gasto público y la estabilidad económica del país.

ACERCA DE LA POLÍTICA MACROECONÓMICA
Las críticas recientes que afirman que la política macroeconómica de Guatemala está “agotada” ignoran que esta abarca mucho más que solo la política monetaria o cambiaria. Mientras que la política monetaria ha logrado cierta estabilidad, el resto de políticas macroeconómicas —como la fiscal, comercial o institucional— han sido mal gestionadas, desvirtuadas o completamente desatendidas. En lugar de promover el crecimiento y reducir la pobreza, el presupuesto ha sido usado para fines clientelares y cortoplacistas. El problema no es que las políticas estén agotadas, sino que nunca se han aplicado con visión ni coherencia.

A 20 AÑOS DE LOS ACUERDOS DE PAZ
A 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz en Guatemala, el balance del Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria revela un incumplimiento generalizado, causado principalmente por la falta de una agenda de Estado consistente y la degeneración del sistema político hacia prácticas corruptas que minan la capacidad del Estado. La insuficiencia de recursos y la corrupción han desnaturalizado instituciones claves para el desarrollo agrario y social, comprometiendo la viabilidad del pacto fiscal. El aniversario invita a plantear un diálogo fiscal integral para definir prioridades de gasto, mejorar la recaudación y fortalecer la sostenibilidad financiera nacional, aprendiendo de las lecciones del pasado.

LA IMPOSIBILIDAD DE CRECER MÁS
Standard & Poor’s mantuvo la calificación crediticia de Guatemala en BB con perspectiva estable, reconociendo la estabilidad macroeconómica del país. No obstante, advierte que los bajos niveles de inversión en infraestructura, la débil capacidad recaudatoria del Estado y la fragmentación política limitan gravemente el crecimiento económico sostenible. La calificadora insiste en la necesidad de fortalecer la base tributaria y ejecutar con eficiencia el gasto público en sectores clave para revertir la pobreza y la desigualdad.

RIESGOS EN AUMENTO
El Fondo Monetario Internacional advierte que Guatemala enfrenta limitaciones estructurales para crecer más allá de su modesto 3.5% anual. El bajo ingreso fiscal, la escasa inversión pública y los riesgos globales —como el encarecimiento del crédito o la baja en precios de exportación— exponen la fragilidad macroeconómica del país. El FMI recomienda acciones urgentes tanto en lo fiscal como en lo estructural: aumentar ingresos tributarios, mejorar la calidad del gasto público e incentivar la inversión privada en un entorno más competitivo, seguro y con mejor capital humano.

ERRORES HISTÓRICOS
Un coloquio en Bogotá repasó 150 años de historia monetaria en Latinoamérica, destacando errores fiscales en Chile, Brasil y Argentina que provocaron crisis inflacionarias y daños al sistema financiero. Estos ejemplos extremos evidencian cómo decisiones de apoyo sectorial y mala gestión fiscal afectan negativamente a la mayoría de la población. Guatemala, con un régimen de libre negociación de divisas desde 2002, debe cuidar la estabilidad monetaria manteniendo control fiscal estricto y evitando aumentos abruptos en la deuda pública, sobre todo ante el posible cambio en condiciones globales de liquidez.

PORCENTAJES CONSTITUCIONALES
La práctica de fijar porcentajes rígidos del presupuesto para financiar instituciones y programas, aunque concebida para proteger prioridades nacionales, ha terminado por restringir la capacidad del Estado para adaptarse a nuevas demandas sociales y económicas. Reformar este esquema es complejo, pero se podrían tomar medidas parciales como frenar nuevas pre-asignaciones, exigir transparencia y rendición de cuentas a los beneficiarios actuales, y fortalecer el proceso de presupuestación con base en prioridades de Estado y planificación a largo plazo. Un diálogo nacional sobre la flexibilidad del gasto público es urgente para modernizar la política fiscal guatemalteca.