RUTAS PARA EL DESARROLLO
El progreso de Guatemala requiere abandonar el populismo improvisado y seguir modelos probados por países que han superado la pobreza mediante políticas sólidas. Las ideas de Amartya Sen subrayan la importancia de ampliar las capacidades humanas, invertir en educación y salud, fortalecer instituciones y combatir la corrupción. Fomentar la inclusión económica, las redes de protección social y la infraestructura son pilares esenciales para el crecimiento sostenido. Asimismo, garantizar justicia y participación ciudadana fortalece la cohesión social y la gobernabilidad. El desarrollo no surge de ocurrencias políticas, sino de estrategias fundamentadas en conocimiento, evidencia y experiencia internacional. Aprender de los que saben es el camino más sensato hacia el bienestar.
SUBSIDIOS NO ¿ENTONCES QUÉ?
El alza global de precios de alimentos y combustibles, impulsada por la guerra en Ucrania, ha elevado la inflación en Guatemala, afectando especialmente a los hogares de menores ingresos. Los subsidios, aunque populares, resultan ineficientes porque distorsionan los precios y benefician también a quienes no lo necesitan. En su lugar, se recomienda aplicar transferencias directas y temporales, focalizadas en los sectores más vulnerables, acompañadas de una modernización de los programas sociales mediante herramientas digitales. Si la crisis alimentaria se profundiza, será necesario fortalecer la producción local, facilitar importaciones y distribuir alimentos estratégicamente, manteniendo al mismo tiempo políticas fiscales y monetarias coherentes para contener la inflación.
POLÍTICAS SOCIALES Y DESARROLLO
Las políticas sociales en Guatemala han carecido de coherencia y continuidad, lo que limita su impacto en la reducción de la pobreza y el desarrollo humano. Estas deben concebirse como complemento de las políticas económicas, ya que juntas fortalecen la demanda interna y el crecimiento. Sin embargo, la baja productividad laboral —una de las más rezagadas del continente y estancada por 15 años— refleja el peso de un entorno institucional débil. Migrantes que prosperan en otros países demuestran cómo la productividad depende del contexto. Por ello, fortalecer justicia, gobernanza y gestión pública es esencial para políticas sociales eficaces.
EN PANDEMIA: QUÉ SE HIZO Y QUÉ HA FALTADO
La pandemia de Covid-19 mostró tanto la capacidad inicial del Estado para reaccionar con medidas oportunas como su posterior incapacidad para sostenerlas con eficiencia y visión. Tras un primer trimestre de contención acertada, las fases de mitigación, reapertura y reactivación se caracterizaron por la desorganización, la lentitud y la falta de planificación. La crisis reveló la fragilidad de las instituciones públicas y la ineficacia en la provisión de bienes esenciales. Sin embargo, aún existe margen para impulsar reformas necesarias: seguro de desempleo, fortalecimiento del sistema estadístico, mecanismos efectivos de crédito, inversión transparente en salud y un rediseño institucional estratégico.
MEDIDAS PARA ACELERAR EL CRECIMIENTO
Tras la recesión provocada por la pandemia, Guatemala experimenta un rebote económico que podría estancarse si no se impulsa la productividad. Aunque las grandes reformas institucionales solo rinden frutos en el mediano plazo, existen medidas inmediatas para fortalecer sectores dinámicos y facilitar la transición de aquellos más golpeados. Entre ellas figuran la regulación del trabajo a tiempo parcial, programas de capacitación tecnológica, un seguro de desempleo, un marco legal de insolvencias, esquemas de garantía crediticia y mecanismos de arbitraje. Estas herramientas ya cuentan con propuestas concretas; lo que falta es que los tres poderes del Estado las prioricen y ejecuten.
LA DESNUTRICIÓN SE AGRAVA CON LA PANDEMIA
El Covid-19 ha intensificado la crisis alimentaria en el país, disparando los casos de desnutrición aguda en menores de cinco años a más del triple en pocas semanas. La pérdida de ingresos, la caída de remesas, las restricciones de movilidad y las trabas en distribución han reducido tanto la demanda como la oferta de alimentos. Aunque las transferencias de efectivo y programas de reparto son pasos necesarios, resultan insuficientes. Superada la emergencia, se requiere consolidar una estrategia sostenible contra la desnutrición: creación de un fondo específico, fortalecimiento del SINASAN y un enfoque integral que abarque salud, educación nutricional, agricultura y empleo.
CORREGIR SOBRE LA MARCHA
La prioridad de las políticas públicas frente a la pandemia debe ser resguardar la cohesión social y la gobernabilidad, mediante medidas sanitarias, sociales y económicas ajustadas a cada fase de la crisis. Aunque el gobierno reaccionó rápido en la contención, la etapa de mitigación ha revelado graves retrasos en la ejecución de fondos, como los del Ministerio de Salud y el Bono Familia. Programas clave para apoyar a trabajadores y empresas avanzan lentamente, con bajos niveles de desembolso. Se requiere mayor eficiencia, transparencia y flexibilidad para rediseñar estos mecanismos y convertirlos en programas permanentes que sostengan la recuperación y protejan a los más vulnerables.
ECONOMÍA A MEDIO CERRAR
Guatemala adoptó temprano medidas de distanciamiento, aunque menos estrictas que en otros países, lo cual permitió ganar tiempo para fortalecer la capacidad hospitalaria y reunir recursos. Sin embargo, su realidad difiere profundamente de la de los países ricos: baja proporción de adultos mayores, alta informalidad laboral, hogares hacinados y pobreza generalizada. Estas condiciones hacen inviable un confinamiento prolongado sin generar desesperación y riesgo de ingobernabilidad. El reto ahora es doble: agilizar la compra de suministros médicos y anunciar un plan de desescalada gradual. La estrategia debe enfocarse en grupos vulnerables y en medidas sanitarias prácticas que permitan reabrir la economía con responsabilidad.
ETAPAS Y POLÍTICAS PARA LA CRISIS
La evolución del covid-19 se organiza en etapas, cada una con nodos de políticas públicas clave. En la contención, el distanciamiento social y la ampliación hospitalaria buscan evitar el colapso sanitario. En la mitigación, se requieren medidas de asistencia humanitaria y apoyo económico para empresas y empleos, aunque la ejecución aún es lenta. La reapertura económica deberá estructurarse en fases y protocolos según riesgos y beneficios sectoriales. Finalmente, la reactivación exigirá incentivos a empresas adaptadas, reorientación del presupuesto y reformas institucionales. Aunque corresponden a momentos distintos, los nodos deben traslaparse: anunciar con claridad la reapertura es esencial para dar certeza económica y sostener la gobernabilidad.
PARA ACABAR CON LAS MAFIAS TRANSNACIONALES
El crimen organizado en el Triángulo Norte genera millones de dólares, fomenta la corrupción y amenaza la estabilidad democrática. Las políticas de prohibición absoluta han fracasado, al igual que ocurrió con la prohibición del alcohol en los años treinta y la guerra contra las drogas en los ochenta. Economistas como Emmanuelle Auriol proponen un enfoque alternativo que combine legalización parcial, represión y educación para reducir el poder de las mafias y restarles rentabilidad. En el caso de las drogas, la regulación del mercado de la marihuana ya muestra avances al desplazar a los narcotraficantes. Para la migración irregular, Auriol sugiere un modelo de subasta de visas a empresas que necesitan mano de obra, lo que transparentaría los beneficios económicos. Guatemala y otros países pequeños deberían impulsar estas propuestas en foros regionales y con Estados Unidos.
FISCALIZACIÓN DEL GASTO PÚBLICO
El buen funcionamiento del Estado depende de que el gasto público se ejecute con eficiencia y transparencia, lo que requiere un sistema de fiscalización sólido y preventivo. En Guatemala, dicho sistema debería sostenerse en tres pilares: la Contraloría General de Cuentas, las Unidades de Auditoría Interna (UDAIs) y el Congreso de la República, cada uno con responsabilidades específicas que hoy se cumplen de manera deficiente. La ausencia de controles efectivos ha dejado a la vía penal como único mecanismo para frenar la corrupción, en lugar de prevenirla desde la gestión administrativa. Fortalecer a la Contraloría, empoderar a las UDAIs y exigir al Congreso el cumplimiento de su rol fiscalizador son pasos urgentes. Las reformas legales, incluyendo mayor independencia del contralor y regulación de conflictos de interés, son imprescindibles.
POR QUÉ TRUINFAN LAS NACIONES
El McKinsey Global Institute identificó los factores comunes de los países emergentes con mayores crecimientos sostenidos del ingreso per cápita. Casos como China, Corea del Sur y Singapur muestran que la clave es un consenso nacional para priorizar el crecimiento económico y alinear la agenda pública hacia la productividad, los ingresos y la demanda. Esto requiere inversión en infraestructura, tecnología y capital humano, mercados laborales flexibles, estabilidad social, políticas macroeconómicas ágiles y apertura al comercio internacional, todo sustentado en instituciones sólidas y eficientes. Guatemala, con un crecimiento per cápita inferior al 1 % anual en la última década, debe entender que no existen atajos y que la salida del subdesarrollo pasa por liderazgo político y social capaz de sostener una agenda integral y persistente de transformación productiva.
LA DESACELERACIÓN ECONÓMICA Y SUS CAUSAS
La economía nacional pasó de crecer arriba del 3.5% a solo 2.5%, afectada por choques externos, pérdida de competitividad y parálisis en sectores clave. Sin embargo, el factor más grave es la falta de confianza derivada de la polarización política, la conflictividad social y la ausencia de políticas claras. Superar el estancamiento requiere medidas fiscales y monetarias inmediatas, pero sobre todo acuerdos básicos que restauren la confianza y preparen el camino hacia un crecimiento sostenido mayor al 5%.
PARA AUMENTAR EL BIENESTAR
El desarrollo sostenible de Guatemala depende menos de fórmulas mágicas externas y más de un compromiso firme por elevar la productividad. Aumentar el PIB sin mejorar la eficiencia en el uso de los recursos es insuficiente para reducir la pobreza. La clave está en generar un entorno institucional y político que habilite a las empresas a adoptar mejores prácticas, innovar y crecer. Para lograrlo, el país necesita políticas públicas que impulsen el conocimiento, la inversión, la competencia y la movilidad social.
ESPERANZA EN LA INFRAESTRUCTURA
El crecimiento económico de Guatemala permanece estancado en un mediocre 3.5% anual, incapaz de generar empleo formal o reducir la pobreza. Ni el consumo privado, ni las exportaciones, ni el gasto público actual ofrecen una vía sostenible para el desarrollo. El único motor viable es la inversión en infraestructura, pero su desplome, la falta de priorización técnica, el débil compromiso político y la corrupción frenan cualquier avance. Sin una apuesta clara y transparente por grandes obras públicas, Guatemala seguirá atrapada en un ciclo de bajo crecimiento e inestabilidad social.
SIN INNOVACIÓN NO HAY PROGRESO
El crecimiento económico de Guatemala no puede sostenerse solo en inversión o trabajo, sino que necesita urgentemente mejorar el uso de sus recursos a través de la innovación. La innovación no requiere genios, sino un entorno que permita aplicar ideas nuevas de forma práctica. Desde la Cajita Feliz hasta el Irtra, los ejemplos locales son escasos. Mejorar la educación, la infraestructura y la institucionalidad es clave para construir un ecosistema que transforme ideas en progreso real.
DESPUÉS DE LA CRISIS VISIÓN PESIMISTA
A pesar de haber resistido con relativa solidez la crisis económica mundial de hace cinco años, Guatemala no aprovechó la coyuntura para impulsar reformas de largo plazo que fortalezcan su crecimiento. Aunque se mantuvo la estabilidad macroeconómica y cierta apertura comercial, el país sigue fallando en aspectos clave como el ahorro e inversión, la eficiencia del mercado, la calidad del gobierno y la cohesión social. Estas seis características, identificadas por el Banco Mundial como esenciales para un desarrollo sostenido, siguen pendientes. El llamado es claro: no basta con sobrevivir las crisis, hay que construir futuro desde ahora.
SOLUCIONES INSTANTÁNEAS (I)
La sociedad guatemalteca muestra una tendencia a buscar soluciones rápidas y mágicas ante sus desafíos, desde la vida personal hasta el ámbito estatal, dejando de lado la virtud de la perseverancia. Esta cultura del atajo y el mínimo esfuerzo impulsa prácticas riesgosas y poco sostenibles, como la corrupción, la sobrevaloración en contratos y posturas radicales en temas ambientales. Asimismo, la falta de compromiso para construir políticas públicas sólidas en juventud, desarrollo rural, seguridad social e inclusión social evidencia una preferencia por medidas superficiales y populistas. Sin embargo, el verdadero progreso requiere dedicación, paciencia y trabajo constante para construir instituciones fuertes y soluciones duraderas que beneficien a toda la sociedad.
UN LIBRO SOBRE LA SEMANA SANTA
El libro El Valor Económico de la Semana Santa en la Antigua Guatemala muestra cómo una manifestación religiosa y cultural puede ser también un fenómeno económico de alto impacto. Con una metodología adaptada de estudios realizados en Andalucía, se logró cuantificar el efecto multiplicador de esta tradición: por cada quetzal invertido se generan 165 más en la economía local. La investigación resalta el papel de las hermandades, los actores económicos, la infraestructura cultural y la identidad patrimonial de La Antigua como ejes clave del desarrollo cultural sostenible. La obra busca promover políticas públicas que reconozcan a la cultura como motor estratégico del país.
UN PACTO POLÍTICO PROMISORIO
El Pacto por México, firmado entre el presidente y los principales partidos políticos de ese país, representa un ejemplo de madurez democrática que Guatemala aún no ha podido replicar. Este acuerdo incluye compromisos concretos para impulsar la educación, la transparencia, el desarrollo rural y la competitividad económica. Además, contempla reformas fiscales, constitucionales y legales sustentadas en el consenso y no en la imposición. Frente a la fragmentación política guatemalteca y la ausencia de políticas de Estado, este ejemplo ajeno ofrece una lección urgente: sin pactos duraderos y orientados al bien común, el país seguirá atrapado en el estancamiento institucional y la desigualdad.