
NUBARRONES ELECTORALES 2019
El proceso electoral de 2019 se desarrolló con grandes debilidades heredadas: falta de legitimidad, escasa representatividad y un tribunal electoral debilitado. Las reformas de 2016 no solucionaron estos problemas y, en algunos casos, los profundizaron, al complicar la formación de partidos, debilitar la representatividad y generar ambigüedades legales. Todo ello incrementó la incertidumbre sobre la transparencia, el financiamiento y la credibilidad del proceso electoral.

RECOBREMOS LA SENSATEZ
Los países pueden verse envueltos en crisis artificiales promovidas por posiciones extremas que agravan la confrontación social. Guatemala, al igual que Cataluña, enfrenta una peligrosa polarización que obstaculiza una transición necesaria hacia la transparencia. Esta división abre la puerta al populismo, alentado por los beneficiarios de un sistema corrupto que buscan sabotear la lucha anticorrupción. Ante la ausencia de liderazgos claros, urge un acuerdo ciudadano basado en una agenda realista que priorice la reforma electoral, la justicia y la transparencia. La sensatez debe prevalecer para consolidar instituciones fuertes y evitar la regresión al pasado.

UNA TRANSICIÓN POLÍTICA EJEMPLAR
Guatemala atraviesa una etapa transicional que podría abrir paso a un nuevo orden político e institucional si se gestiona con visión. La experiencia de España en 1977, donde una reforma política audaz logró convertir una dictadura en una democracia próspera, ofrece lecciones valiosas. La clave fue reconocer la ilegitimidad del sistema anterior, facilitar la competencia electoral, garantizar un financiamiento equitativo, y generar una movilización ciudadana activa. Pese a los temores, el proceso resultó exitoso y estable. Guatemala necesita un liderazgo capaz de interpretar el momento actual y transformar la crisis en oportunidad, priorizando legalidad, apertura política y confianza pública.

ES LA POLÍTICA, TONTO
El principal freno al desarrollo guatemalteco es un sistema político corrupto y fallido, cuya reforma no puede dejarse en manos de los responsables de su deterioro. La presión ciudadana debe mantenerse para forzar una transformación auténtica y profunda.

EN MANOS DE LA CORTE
La Corte de Constitucionalidad debe pronunciarse sobre una serie de reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos que amenazan la legitimidad del proceso electoral en Guatemala. Ciudadanos, especialmente jóvenes estudiantes de Derecho, han intervenido con un amicus curiae para advertir sobre violaciones a la libertad de expresión, la representatividad, el acceso igualitario a cargos públicos y el uso desproporcionado de recursos públicos. Estas reformas, lejos de fortalecer la democracia, la debilitan, y exigen una respuesta firme por parte del máximo tribunal constitucional del país.

LA NECESARIA REFORMA POLÍTICA
La democracia guatemalteca, aún joven y frágil, enfrenta riesgos estructurales por la baja identificación ciudadana con sus beneficios y la instrumentalización del sistema político por intereses particulares. El fortalecimiento democrático no solo es deseable en sí mismo por las garantías de libertad e igualdad que ofrece, sino también porque permite la existencia de instituciones esenciales para el desarrollo económico. En este contexto, las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos deben aprovecharse como una oportunidad para mejorar la representatividad y la transparencia, sin esperar transformaciones radicales. La clave está en consolidar el marco institucional, educar a la ciudadanía y establecer mecanismos efectivos de control y contrapeso.