EL ENEMIGO COMÚN
¿Quién es realmente el enemigo común?
En esta columna analizo por qué el principal desafío para Guatemala no es el adversario ideológico, sino el avance del crimen organizado y su capacidad para capturar instituciones, distorsionar elecciones y erosionar el Estado de Derecho.
Sin instituciones fuertes no hay inversión, crecimiento ni confianza.
EL ESPEJISMO DE LAS POSTULADORAS
En esta columna analizo las lecciones institucionales que están dejando las elecciones de segundo grado en Guatemala en 2026. Sostengo que el sistema de Comisiones de Postulación, diseñado para despolitizar las designaciones, no ha cumplido sus objetivos: trasladó la política hacia la academia y los gremios sin mejorar la calidad ni la rendición de cuentas. Propongo reenfocar la discusión hacia el diseño de incentivos que ordenen —en lugar de negar— la naturaleza política de estos procesos.
ESTADO DÉBIL, ECONOMÍA DÉBIL
La debilidad del Estado y la disfuncionalidad de sus instituciones son la raíz del bajo desarrollo económico y la escasa productividad del país. La lentitud y corrupción en los tribunales dificultan el cumplimiento de contratos, restringiendo el acceso al crédito y limitando la expansión de nuevos emprendedores. La infraestructura deficiente, la burocracia excesiva y la falta de certeza jurídica obligan a las empresas a depender de recursos propios, fortaleciendo estructuras familiares cerradas y debilitando la innovación y la apertura de mercados. Esta falta de confianza generalizada impide un crecimiento sostenible y equitativo. Para superar el atraso, se requieren reformas profundas en justicia, gasto público, servicio civil y sistema político, sin las cuales la modernización seguirá siendo una meta lejana.
REFORMA INSTITUCIONAL: JUECES INDEPENDIENTES
Para garantizar el Estado de Derecho y frenar la corrupción, es urgente reformar el sistema de justicia guatemalteco a partir de la independencia real de jueces y magistrados. La clave está en profesionalizar la carrera judicial a través de concursos de oposición, evaluaciones periódicas y procesos transparentes de nombramiento. Estas reformas buscan blindar al sistema de justicia frente a presiones políticas, económicas y jerárquicas, asegurando decisiones basadas únicamente en hechos y derecho.