EN DEFENSA DEL VOSEO
Cierro el año con una columna distinta a las habituales: menos económica, más cultural, pero igualmente relacionada con identidad y valores. Una defensa del voseo, motivada por una tendencia creciente a verlo como algo vulgar y a asociar el tuteo con refinamiento. Sostengo que esa percepción ignora el origen histórico del “vos”, su enorme extensión en América Latina y su valor como seña de identidad centroamericana. En un país escaso en motivos de orgullo compartido, despreciar uno de los rasgos culturales más auténticos que tenemos parece, cuando menos, innecesario.