EMPRESAS Y GOBIERNO
En Latinoamérica se ha extendido la idea de que gobierno y empresas son enemigos irreconciliables: desde la derecha se acusa al Estado de intervenir en exceso, mientras desde la izquierda se retrata a las empresas como explotadoras y evasoras. Esta visión simplista alimenta la polarización y lleva a propuestas que buscan destruir sistemas existentes sin considerar sus logros, como en Chile. Sin embargo, en un capitalismo moderno ambos se necesitan: el gobierno requiere empresas para generar empleo e ingresos, y las empresas necesitan instituciones, infraestructura y estabilidad. La cooperación equilibrada entre ambos es clave para el progreso y la paz social.
EL DESENCANTO CON EL CAPITALISMO
El creciente desencanto con el capitalismo y la globalización refleja una percepción generalizada de que los beneficios del sistema actual están mal distribuidos, generando tensiones sociales y alimentando el ascenso de líderes nacionalistas y proteccionistas. Aunque la globalización ha contribuido a reducir la pobreza global y mejorar los estándares de vida, también ha tenido efectos colaterales negativos que exigen una intervención estatal estratégica. Los gobiernos deben proteger a los trabajadores sin sacrificar la integración económica, mientras que las empresas deben adoptar una visión sostenible de largo plazo que armonice rentabilidad y bienestar social.
PROSPERIDAD Y GLOBALIZACIÓN
Aunque ideológicamente cuestionados, el capitalismo y la globalización han sido responsables de enormes avances materiales y sociales. Han impulsado el crecimiento económico, mejorado derechos humanos e igualado oportunidades entre países. Sin embargo, persisten desafíos como el aumento de la desigualdad interna, especialmente en países pobres. La clave está en diseñar mecanismos que incluyan a los más rezagados, sin sacrificar la innovación ni los beneficios del libre mercado.
CAPITALISMO BUENO, CAPITALISMO MALO
El libro Good Capitalism, Bad Capitalism de William Baumol, Robert Litan y Carl Schramm propone que existen cuatro formas de capitalismo: el dirigido por el Estado, el del oligarca, el de las grandes compañías y el del emprendedor. Cada uno genera distintos niveles de eficiencia e innovación. Los autores concluyen que la combinación más exitosa es la del capitalismo emprendedor —que impulsa la creatividad y el progreso tecnológico— con el de las grandes empresas, que aporta capital y organización. Para prosperar, los países deben promover la apertura empresarial, recompensar la innovación y fomentar la educación y las libertades políticas. Las políticas correctas, sostienen, marcan la diferencia entre el estancamiento y el desarrollo sostenible.