LOS DÉFICITS FISCALES SÍ IMPORTAN
Tras el fuerte déficit fiscal provocado por la pandemia en 2020, ha resurgido en Guatemala la peligrosa idea de que aumentar el gasto público “un poco más” no tiene consecuencias. Sin embargo, los déficits prolongados generan inflación, encarecen el crédito y debilitan la estabilidad económica. Aunque en 2021 el país corrigió su déficit de forma ejemplar —algo reconocido por el FMI y calificadoras de riesgo—, el desafío ahora es mantener esa disciplina ante la tentación política del año electoral. Sostener la prudencia fiscal y resistir presiones populistas resulta crucial para preservar la credibilidad macroeconómica y proteger el bienestar futuro de la población.
UN TESORO EN RIESGO
La pandemia abrió la puerta a un incremento sin precedentes del gasto público, debilitando el compromiso con la disciplina macroeconómica. En Latinoamérica, el descontento social ha sido aprovechado por populistas que promueven políticas de gasto excesivo e insostenible, debilitando instituciones y creando falsas expectativas. En Guatemala, varias iniciativas legislativas buscan transferencias y beneficios millonarios que pondrían en riesgo las finanzas públicas, desde bonos masivos hasta energía gratuita. Aunque se presenten como solidarias, estas medidas alimentan el despilfarro y la inflación. La experiencia internacional demuestra que perder la estabilidad fiscal tiene consecuencias graves y costosas para la economía y la población.
PRESUPUESTO 2022: LO BUENO, LO MALO Y LO FEO
El presupuesto de 2022 fue aprobado tras un debate superficial centrado en el reparto clientelar del erario. A pesar de que permite fiscalización y cierto nivel de transparencia, el déficit fiscal será mayor al de 2021 y se incorporan aumentos injustificados en sueldos y programas dudosos. Se normaliza la opacidad en la asignación de recursos a ONGs y municipalidades, se permite financiar gasto corriente con deuda y persisten problemas estructurales como el crecimiento de la masa salarial y los agujeros financieros en clases pasivas e IGSS. Todo esto limita la capacidad del Estado para ofrecer servicios públicos esenciales.
RECOBRAR LA DISCIPLINA
La pandemia provocó un fuerte aumento del gasto público y una caída de la recaudación, disparando el déficit y el endeudamiento en Guatemala. Aunque la recuperación económica y tributaria desde finales de 2020 ha mejorado temporalmente las cuentas fiscales, persisten riesgos internos y externos que podrían frenar esa tendencia. La deuda pasó del 26% al 32% del PIB y su peso frente a los ingresos tributarios alcanzó un preocupante 315%, deteriorando la calificación de riesgo soberano. El FMI ha enfatizado la urgencia de mejorar la transparencia, combatir la corrupción y fortalecer la gestión pública. Recuperar la disciplina fiscal es indispensable.
BLINDAR EL PRESUPUESTO
El presidente Giammattei anunció la reducción del techo presupuestario de Q107.7 a Q94.3 millardos, medida positiva para recuperar disciplina fiscal y mantener la confianza en los mercados internacionales. Sin embargo, el gobierno decidió no enviar esta readecuación al Congreso, lo que genera incertidumbre y debilita la señal de compromiso fiscal. La falta de aprobación legislativa abre riesgos: la posible repetición indefinida del presupuesto inflado, la permanencia de normas inadecuadas y una menor transparencia en el gasto público. Aunque la reducción es un paso correcto, solo una readecuación avalada por el Congreso brindaría certeza y estabilidad macroeconómica sostenida.
POTENCIAR LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA
La economía muestra señales de recuperación tras la crisis, con un crecimiento proyectado de 3.5% para 2021, aunque aún insuficiente para alcanzar los niveles previos a la pandemia. Consolidar ese crecimiento exige superar cuatro desafíos principales: recuperar la confianza de consumidores e inversionistas, lo que requiere gasto público estratégico en salud y vacunación; movilizar la liquidez disponible hacia crédito productivo mediante fondos de garantía; mantener disciplina fiscal mientras se invierte en salud, educación e infraestructura; y fortalecer las instituciones del Estado para garantizar certeza jurídica y eficiencia en la gestión pública. Solo así podrá asegurarse una recuperación sólida y duradera.
RECOBRAR LA DISCIPLINA FISCAL
El proyecto de presupuesto 2021 prevé una deuda histórica de Q32.6 millardos, un aumento impulsado por los gastos extraordinarios de la pandemia y el consecuente déficit fiscal, que pasó de 2.2% del PIB en 2019 a 6% en 2020. Aunque el presupuesto proyecta reducirlo al 4.9% en 2021 y eventualmente a niveles sostenibles de 2%, mantener esta trayectoria es crucial para preservar la reputación financiera de Guatemala y el acceso a mercados de crédito internacionales. La reducción del déficit requiere no solo control de gastos e ingresos, sino también un pacto fiscal integral que mejore la eficiencia y transparencia del gasto público.