PRESUPUESTO 2026: LA TENTACIÓN DE LA IMPRUDENCIA
El Presupuesto 2026 privilegia el gasto corriente sobre la inversión, aumenta la deuda pública y compromete la estabilidad fiscal. En mi columna en Prensa Libre expongo por qué este camino es riesgoso y qué medidas podrían tomarse para recuperar prudencia y calidad en el gasto.
UN QUETZAL QUE SUBE Y BAJA
El reciente aumento del tipo de cambio del quetzal a 7.94 por dólar ha generado inquietud innecesaria, pese a que la volatilidad es normal en sistemas cambiarios flexibles. Las causas son claras: internamente, el alza de importaciones, la estacionalidad navideña y la brecha de tasas de interés reducen la oferta de divisas; externamente, el dólar se ha fortalecido globalmente, alcanzando su mayor nivel en dos décadas. Ante ello, las autoridades deben comunicar con transparencia las razones técnicas, evitar intervenciones apresuradas y preservar las reservas internacionales. La clave es mantener la prudencia monetaria y dejar que el tipo de cambio fluctúe conforme a los fundamentos económicos.
REFRENAR EL GASTO PÚBLICO
La aprobación reciente de leyes de gasto incrementa el déficit fiscal de Guatemala a niveles preocupantes, superando el 3% del PIB, lo que amenaza la sostenibilidad y estabilidad económica. La tendencia global y local a gastar sin control, exacerbada tras la pandemia, requiere de mecanismos de autocontrol legislativos, como reglas de responsabilidad fiscal que limiten el déficit, el gasto corriente y aseguren superávit en la cuenta corriente. Estas reglas, implementadas correctamente, han demostrado reducir la probabilidad de crisis fiscales y la prociclicalidad del gasto, sin afectar la inversión pública. Su adopción sería una muestra de madurez política y visión de Estado.
UN TESORO EN RIESGO
La pandemia abrió la puerta a un incremento sin precedentes del gasto público, debilitando el compromiso con la disciplina macroeconómica. En Latinoamérica, el descontento social ha sido aprovechado por populistas que promueven políticas de gasto excesivo e insostenible, debilitando instituciones y creando falsas expectativas. En Guatemala, varias iniciativas legislativas buscan transferencias y beneficios millonarios que pondrían en riesgo las finanzas públicas, desde bonos masivos hasta energía gratuita. Aunque se presenten como solidarias, estas medidas alimentan el despilfarro y la inflación. La experiencia internacional demuestra que perder la estabilidad fiscal tiene consecuencias graves y costosas para la economía y la población.
PARA ATRAER INVERSIONES
La recuperación económica de Guatemala tras la crisis depende de fortalecer la inversión, tanto local como extranjera. Aunque existen ventajas como la estabilidad macroeconómica y un mercado interno en crecimiento, el país enfrenta rezagos en infraestructura, calificación laboral e innovación. El reciente plan de atracción de inversiones debe ir más allá de incentivos sectoriales y enfocarse en garantizar un entorno estable y confiable. Ello implica disciplina fiscal para preservar la estabilidad macroeconómica, junto con reformas institucionales que aseguren seguridad jurídica, eficiencia estatal y transparencia. Sin estas condiciones, la inversión no alcanzará el ritmo necesario para generar crecimiento y empleo.
ESTABILIDAD, CRECIMIENTO Y EQUIDAD (I)
Aunque algunos sostienen que la estabilidad económica limita la lucha contra la pobreza, la evidencia muestra lo contrario. Guatemala ha mantenido un crecimiento sostenido y baja inflación gracias a políticas fiscales y monetarias prudentes, lo que refuerza la confianza y facilita condiciones favorables para el desarrollo. Sin embargo, los avances económicos no han sido suficientes para reducir la desigualdad ni mejorar la inclusión social. El problema no radica en las políticas de estabilidad, sino en la falta de dinamismo productivo y de medidas estructurales que permitan traducir el crecimiento en bienestar compartido y oportunidades reales para todos.