SIN CONFIANZA NO SE AVANZA
La pandemia ha mostrado que países con condiciones similares pueden enfrentar impactos muy distintos según la calidad de sus gobiernos. Según Francis Fukuyama, la confianza ciudadana en el poder ejecutivo es el factor clave en una crisis, y esta descansa en tres pilares: la experiencia técnica e imparcialidad de los gobernantes, el liderazgo de la autoridad máxima y la capacidad de construir consensos amplios. En Guatemala, el presidente Giammattei ha ganado respaldo en los dos primeros aspectos, pero el gran reto es consolidar el tercero. La ejecución transparente de recursos y la cooperación entre Ejecutivo y Legislativo serán decisivos para afrontar la emergencia y preparar la recuperación.
APRETAR Y RELAJAR, EN ESE ORDEN
La pandemia obligó a los gobiernos a escoger entre dos enfoques: la contención, que busca inmunización gradual aislando solo a los vulnerables, y la supresión, basada en confinamiento estricto. La experiencia internacional muestra que el enfoque de contención, ensayado en países como Suecia, genera más contagios y muertes, volviéndose insostenible. En contraste, la estrategia checa de supresión permitió reducir contagios, reforzar el sistema sanitario y preparar una reapertura gradual con fuerte respaldo fiscal. El camino más viable parece ser aplicar confinamiento riguroso al inicio, invertir en capacidad hospitalaria y, luego, relajar medidas con cautela, manteniendo flexibilidad ante posibles rebrotes.
EL PUENTE SOBRE EL ABISMO
Las pandemias concluyen cuando la población alcanza inmunidad colectiva, ya sea por contagios previos o por vacunas, aunque estas últimas aún están lejanas en el caso del covid-19. Mientras tanto, el distanciamiento social es la única herramienta para ganar tiempo, evitar el colapso hospitalario y preparar tratamientos más efectivos. Este periodo de tres a cuatro meses exige una estrategia dual: salvar vidas y mitigar la recesión. La clave está en modular las restricciones y segmentarlas según población, territorio y sectores productivos, priorizando la reapertura gradual de actividades de bajo riesgo y alto impacto económico, con apoyo fiscal y sanitario sostenido.
EL “DILEMA” QUE NO ES TAL
La pandemia del covid-19 plantea un choque económico severo, pero no un dilema: sin vacuna ni medicamentos, el distanciamiento social es la única estrategia viable. La historia de la gripe española demuestra que las ciudades que aplicaron medidas estrictas lograron mejores resultados económicos y sanitarios que las que fueron reticentes. El reto actual es modular estas restricciones según la velocidad del contagio, conscientes de que habrá varias oleadas. En esta primera, el Estado debe suplir la caída del consumo y la inversión privados con un gasto público extraordinario, enfocado en salud, asistencia social y apoyo empresarial, ejecutado con transparencia.
TERRITORIO INEXPLORADO
Las pandemias siempre han cobrado un alto costo humano y económico en el corto plazo, aunque sus efectos suelen disiparse tras el pico infeccioso. En el caso del covid-19, su impacto se sigue en tiempo real y plantea tres escenarios: uno severo con recesión global, uno moderado con menor crecimiento y uno optimista de rápida recuperación. Sectores como turismo, aviación, restaurantes y automotriz son los más golpeados, mientras que las cadenas de suministro también sufren disrupciones. Guatemala enfrenta vulnerabilidades ligadas a su salud pública, aunque muestra resiliencia macroeconómica y relativa baja exposición externa. El verdadero desafío será superar las limitaciones de su sistema sanitario.
LIMITAR LOS DAÑOS
El distanciamiento social, aunque necesario, provoca una súbita caída de la actividad económica nacional, agravada por la recesión mundial. La pérdida de confianza y la contracción de la demanda hacen imprescindible aplicar políticas que mitiguen los daños. La política monetaria debe proveer liquidez, reducir tasas de interés y estimular el crédito, aunque es insuficiente por sí sola. La política fiscal cobra mayor relevancia, con alivios tributarios y un aumento del gasto público para proteger empleo e ingresos. Las medidas actuales son correctas, pero insuficientes y deben complementarse por fases. La prioridad inmediata es salvar vidas y preservar los medios de vida de la población.
IMPACTO ECONÓMICO DEL COVID-19
Las pandemias siempre han cobrado un alto costo humano y económico en el corto plazo, aunque sus efectos suelen disiparse tras el pico infeccioso. En el caso del covid-19, su impacto se sigue en tiempo real y plantea tres escenarios: uno severo con recesión global, uno moderado con menor crecimiento y uno optimista de rápida recuperación. Sectores como turismo, aviación, restaurantes y automotriz son los más golpeados, mientras que las cadenas de suministro también sufren disrupciones. Guatemala enfrenta vulnerabilidades ligadas a su salud pública, aunque muestra resiliencia macroeconómica y relativa baja exposición externa. El verdadero desafío será superar las limitaciones de su sistema sanitario.
¿ES FACTIBLE LA INTEGRACIÓN CENTROAMERICANA?
La integración centroamericana, iniciada hace seis décadas, ha atravesado avances y retrocesos que mantienen a la región estancada en la etapa de unión aduanera. Mientras en los años sesenta y setenta se lograron importantes beneficios económicos —como reducción de costos de comercio, mayor diversidad de bienes y cooperación regional—, el viraje hacia la integración política en los noventa debilitó el proceso y dio origen a instituciones ineficaces como el Parlacén y el SICA. Para retomar el camino, se requiere priorizar lo económico, restituir logros comerciales y que los líderes regionales asuman con decisión la cesión de soberanía necesaria para una integración efectiva.
OTRO ENORME AGUJERO FISCAL
El sistema de pensiones de los jubilados estatales, conocido como Régimen de Clases Pasivas, se ha convertido en una carga insostenible para las finanzas públicas. Funciona como un esquema de reparto simple donde las cuotas de los trabajadores activos no alcanzan para cubrir los pagos, obligando a financiar más del 50% del gasto con impuestos. En 2023 superó los Q5.1 millardos, un monto mayor al presupuesto de ministerios clave, y sigue creciendo. La falta de un fondo de reserva, la mala gobernanza y prácticas abusivas han profundizado el déficit. Urge una reforma que ponga orden, garantice sostenibilidad y transparente la administración.
REPARTIENDO EL PRESUPUESTO ESTATAL
La práctica de establecer asignaciones fijas de ingresos fiscales, como el 5% destinado a la USAC o al deporte, genera una rigidez que vuelve insostenibles las finanzas públicas. Un ejercicio hipotético de asignar porcentajes a múltiples áreas prioritarias —educación, salud, infraestructura, seguridad, programas sociales, medio ambiente, entre otras— demuestra que las demandas fácilmente superarían el 115% de los ingresos estatales, lo que resulta inviable. El problema central es que las prioridades nacionales cambian con el tiempo y no deben quedar atadas a la Constitución. Un presupuesto responsable exige flexibilidad para ajustar el gasto a las necesidades sociales y políticas emergentes.
QUIÉN ELIGE A LOS JUECES
El sistema de comisiones de postulación para elegir magistrados, concebido como un mecanismo para evitar la injerencia política, ha terminado profundizando los vicios que buscaba erradicar. La inclusión de académicos y representantes del Colegio de Abogados, en lugar de garantizar independencia y calidad, derivó en la proliferación de facultades de derecho mediocres y en procesos dominados por intereses espurios y tráfico de influencias. Así, las comisiones se volvieron un terreno fértil para la corrupción, incapaces de producir magistrados probos e independientes. En una democracia sólida, la elección de jueces debe recaer en políticos electos, responsables ante el pueblo mediante los procesos electorales.
CATÁSTROFE E INSTITUCIONES
La erupción del Volcán de Fuego reveló, además de la enorme solidaridad ciudadana para apoyar a los damnificados, la precariedad estructural del Estado. Desde la falta de catastros actualizados y ordenamiento territorial, hasta la ausencia de infraestructura adecuada y protocolos de emergencia, la tragedia mostró un sistema institucional incapaz de prevenir y responder eficazmente. En la reconstrucción, la desconfianza en el manejo de los recursos públicos amenaza con entorpecer la atención a las víctimas. El verdadero desafío radica en fortalecer instituciones capaces de prevenir riesgos, brindar servicios básicos y elevar la productividad, única vía para reducir la vulnerabilidad y mejorar la vida de la población.
LOS ELEVADOS PRECIOS DE LAS MEDICINAS
El incremento sostenido en el precio de los medicamentos, tanto en Guatemala como a nivel mundial, ha generado serias consecuencias sociales y económicas, al punto de empujar a millones de personas a la pobreza. Si bien el envejecimiento poblacional y el aumento de la demanda explican parte del fenómeno, la corrupción y la ineficiencia en los sistemas de adquisiciones inflan artificialmente los costos. En Guatemala, las farmacéuticas han aprovechado su poder económico para imponer precios desproporcionados. Frente a ello, es necesario reforzar mecanismos de transparencia, promover la competencia y recurrir a organismos internacionales que garanticen procesos de compra más eficientes y justos.
LA VERDADERA OFICINA ANTI-CORRUPCIÓN
El índice de percepción de corrupción confirma un deterioro preocupante con graves consecuencias fiscales, sociales e institucionales. La corrupción erosiona los ingresos tributarios, incrementa costos en adquisiciones y obras públicas, y desvía recursos esenciales para salud, educación e infraestructura, debilitando la productividad y la calidad de vida. También deteriora la confianza ciudadana y la moral tributaria, afectando la gobernabilidad democrática. Aunque el gobierno ha anunciado acciones, la nueva comisión presidencial anticorrupción carece de una estrategia clara y enfrenta riesgos de politización. La vía más efectiva sería fortalecer la Contraloría de Cuentas y las auditorías internas, junto a reformas en servicio civil y contrataciones públicas.
¿ESTÁ SOBREVALUADO EL QUETZAL?
El valor de una moneda influye directamente en la competitividad de las exportaciones e importaciones. Según el Índice Big Mac de The Economist, el yuan chino está subvaluado un 45% y el quetzal guatemalteco un 42.7% respecto al dólar, lo que, en teoría, favorece a los exportadores. Sin embargo, países vecinos como México y Costa Rica también han visto depreciarse sus monedas, manteniendo la competencia en desventaja relativa para Guatemala. Aunque el indicador es simplificado y tiene limitaciones, sirve para medir tendencias de sobre o subvaluación. Estos resultados plantean un reto a la Junta Monetaria, responsable de ajustar políticas cambiarias, monetarias y crediticias.
CÓMO (NO) ATRAER INVERSIONES DE CHINA
El debate sobre si Guatemala debería romper con Taiwán para establecer relaciones con China Popular se centra en la expectativa de mayores inversiones extranjeras. Sin embargo, la experiencia de países como Costa Rica, El Salvador y diversas naciones africanas muestra que el simple cambio de lealtades diplomáticas no garantiza un flujo significativo de capital chino. Las razones radican en la importancia del clima de negocios y de instituciones sólidas para atraer inversión sostenible. En el caso guatemalteco, la prioridad debe ser fortalecer el Estado, garantizar certeza jurídica y generar condiciones competitivas, de modo que el país sea atractivo no solo para China o Taiwán, sino para inversionistas globales.
AMENAZAS Y OPORTUNIDADES PARA LA ECONOMÍA
El inicio de 2020 plantea para Guatemala un escenario mixto de riesgos y oportunidades económicas. Entre las amenazas destacan el proteccionismo global, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, la volatilidad del petróleo, la desaceleración mundial, las políticas antimigratorias en EE. UU. y la alta vulnerabilidad ante el cambio climático. En contraste, existen oportunidades relevantes: la ubicación geográfica y biodiversidad para turismo y logística, la integración regional, el acceso a crédito barato por bajas tasas internacionales, la transición demográfica favorable, los avances tecnológicos y una agenda legislativa de reformas. El reto será que el nuevo gobierno actúe con visión y responsabilidad para transformar estos elementos en motores de desarrollo sostenible.
DEBILIDADES DE LA ECONOMÍA
El análisis FODA de la economía guatemalteca evidencia nueve debilidades críticas que frenan el desarrollo nacional. Entre ellas destacan: bajos niveles de desarrollo humano reflejados en desnutrición, pobreza y baja escolaridad; lento crecimiento del PIB per cápita, de los más bajos en la región; mínima inversión pública y privada, especialmente en infraestructura; instituciones estatales débiles incapaces de proveer servicios básicos; y un sistema político inestable. A ello se suman la fragilidad del Estado de Derecho, la corrupción, percepciones de desigualdad y bajos ingresos tributarios. Superar estas debilidades requiere fortalecer la institucionalidad, aumentar productividad y generar confianza en el Estado para movilizar más recursos hacia inversión social y física.
FORTALEZAS DE LA ECONOMÍA
El cierre de año y de gobierno ofrece la ocasión para analizar las principales fortalezas de la economía guatemalteca. De acuerdo con calificadoras y organismos internacionales, destacan cinco pilares: estabilidad macroeconómica con bajo déficit fiscal, inflación controlada y crecimiento sostenido; niveles reducidos de deuda pública en torno al 25% del PIB; una posición externa sólida gracias a remesas y reservas internacionales; políticas fiscales y monetarias prudentes respaldadas por la autonomía del Banco Central; y la continuidad de elecciones periódicas que permiten alternancia democrática. El reto de las nuevas autoridades será preservar estas fortalezas, fortalecer la institucionalidad económica y consolidar la credibilidad política.
DESIGUALDAD: REALIDAD Y PERCEPCIÓN
Las violentas protestas en Chile pusieron en el centro del debate el tema de la desigualdad, lo que invita a revisar los datos en Guatemala y la región. Según cifras del Banco Mundial, el país ha reducido su desigualdad de manera notable: de un índice de Gini de 59.6 en 1990 a 48.3 en 2017, impulsado sobre todo por cambios en el mercado laboral y por las remesas. Sin embargo, la percepción ciudadana indica lo contrario, generando una paradoja que amenaza la paz social. Esta brecha refleja que las personas demandan más que ingresos: buscan calidad de vida, seguridad y servicios públicos eficientes.