LAS EMPRESAS Y EL GOBIERNO
03/marzo/2008
LAS EMPRESAS DEBEN INSPIRARSE EN LA GESTIÓN PÚBLICA PARA ATENDER RESPONSABLEMENTE A SUS DIVERSOS GRUPOS DE INTERÉS EN UN MUNDO GLOBALIZADO
La semana pasada planteamos en este espacio que aumentar la productividad del sector público era una tarea esencial y que, para lograrlo, la gestión gubernamental podía auxiliarse de las técnicas modernas que la administración de empresas (privadas) ha aplicado con éxito. Un amable lector me preguntó si, en reciprocidad, las empresas privadas tendrían algo qué aprender de la administración pública o, en general, de la política. En lo que respecta a enfrentar una variedad de demandas por parte de un creciente número de actores, en un mundo cada vez más globalizado, sí: las empresas pueden aprender de los gobiernos (y, en general, de los políticos) cómo éstos afrontan tales retos dentro de la democracia.
Un gerente eficaz, como un buen político, debe equilibrar las demandas de muchos
Al igual que los gobiernos, las empresas atienden hoy en día un amplio espectro de requerimientos que van más allá de concentrarse únicamente en obtener utilidades para satisfacción de sus dueños. Ahora las empresas se encuentran frecuentemente atendiendo temas de índole social y política: además de la regulación y vigilancia gubernamental, deben aguzar los oídos a la opinión de entidades no gubernamentales, nacionales y extranjeras, que pueden convertirse en sus reguladores de facto. Un empresario o gerente exitoso debe comprender, como lo hace un gobernante eficaz o un buen político, los diversos matices de la gestión pública y debe, al igual que aquéllos, atender equilibradamente las preocupaciones de un variado y amplio conglomerado de grupos de interés (o stakeholders, como se llama en inglés al conjunto de entes que tienen un interés específico en un determinado negocio).
Quizá hace veinte años los administradores de empresas guatemaltecos podían conformarse con atender únicamente a dos tipos de stakeholders: los propietarios o accionistas (que esperan utilidades) y los clientes (que esperan buen servicio). Hoy, en cambio, dos realidades han provocado que el escenario sea más complejo para los gerentes; por un lado, el creciente arraigo de la democracia como sistema político ha generado el surgimiento de grupos organizados de la sociedad civil que se constituyen en stakeholders para las empresas; por otro lado, el proceso de globalización ha estado produciendo nuevos stakeholders a nivel internacional (ONGs, entidades calificadoras, organismos internacionales, etcétera) que plantean demandas a casi todas las empresas, en especial a aquellas con mayores volúmenes de producción o con vínculos de negocios en el exterior (como la gran industria o la banca nacionales).
Existen varias herramientas de las cuales los administradores de empresas pueden echar mano para tomar en cuenta los intereses de sus diversos stakeholders. Una de ellas es la planeación estratégica de largo plazo, que resulta esencial en un mundo cada vez más complejo e incierto. Otras herramientas de creciente uso alrededor del mundo son los esquemas de Responsabilidad Social Empresarial y de “buenas prácticas” o estándares en materia de Gobierno Corporativo. Para hacer uso eficaz de tales instrumentos es imprescindible que las empresas tengan plena conciencia (como deben tenerla los gobernantes) de que no están solos en el mundo y que las políticas de largo plazo son hoy más importantes que nunca.