ESTÍMULOS FISCALES

10/marzo/2008


GUATEMALA DEBE CONSOLIDAR SU FISCALIDAD Y FORTALECER SU ECONOMÍA ANTES DE INTENTAR ESTÍMULOS FISCALES ANTI-CÍCLICOS COMO LOS DE MÉXICO

La semana pasada, el Secretario de Hacienda mexicano, Agustín Carstens, develó un paquete de estímulos fiscales para contrarrestar los efectos de la recesión estadounidense sobre la economía mexicana. El paquete se basa en un aumento del gasto público (especialmente en infraestructura), un descuento en el impuesto sobre la renta a las empresas, la devolución automática de impuestos a aquellas que presenten sus declaraciones electrónicas y la reducción de aranceles. Carstens se cuidó de dejar en claro dos puntos fundamentales: por una parte, que las medidas eran estrictamente temporales (en función de la duración y profundidad de la recesión estadounidense) y, por otra, que la aplicación de esta política fiscal anti-cíclica (la primera en décadas) sólo era posible gracias a la fortaleza lograda por las finanzas públicas en los últimos años.

Sólo una situación fiscal sólida permite aplicar medidas temporales para enfrentar desaceleraciones externas sin comprometer la estabilidad

Al conocerse la noticia en Guatemala, se oyeron algunas voces pidiendo a las autoridades locales considerar la adopción de medidas similares, sin reparar, quizá, en las evidentes diferencias existentes entre el caso mexicano y el guatemalteco, empezando por algo que el propio Carstens enfatizó: la fortaleza del fisco. En 2007 el fisco mexicano no tuvo déficit gracias, en buena medida, al hecho de que más del 34% de sus ingresos provienen del petróleo (los ingresos de la empresa estatal PEMEX crecieron en más de 64% el año pasado). Por si esto fuera poco, en octubre pasado el Congreso mexicano aprobó una reforma fiscal, propuesta por el Ejecutivo y largamente debatida, cuya pieza central es un impuesto empresarial a tasa única y con la que prevén un aumento de ingresos tributarios equivalente al 2% del PIB. Además, la inflación en México fue de 4% que, aunque elevada para un país productor de petróleo, es menor a la de la mayoría de países latinoamericanos. Por su parte, para finales del año pasado las reservas monetarias internacionales de México superaban los US$75 millardos y el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos equivalía a alrededor de un 1% del PIB.

La situación de Guatemala es diferente en muchos de esos indicadores: el déficit fiscal en 2007 fue superior al 1.8% del PIB (sin incluir la tristemente célebre deuda flotante); la inflación fue de 8.75% (en parte porque somos importadores netos de derivados del petróleo), y nuestro déficit de balanza de pagos superó el 5% del PIB. Aunque estamos mejor que hace quince años, el único indicador en que mostramos una fortaleza similar a la mexicana es el nivel de reservas internacionales, que nos da un cierto margen de maniobra para capear el temporal de la desaceleración gringa sin tener que recurrir a medidas de política económica peligrosamente “creativas”.

En vez de pretender aplicar remedios rápidos o insostenibles estímulos fiscales, deberíamos concentrarnos en lo fundamental: consolidar la situación fiscal, mejorar la calidad del gasto público, mantener la disciplina monetaria, fortalecer el sector financiero, diversificar los mercados de exportación y robustecer el mercado interno como motor del crecimiento. Sólo entonces podremos aspirar a tener políticas anti-cíclicas como la que hoy aplica el gobierno mexicano.

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