PRESUPUESTO IMPRUDENTE

14/noviembre/2022


SON BIEN SABIDAS (Y PASADAS POR ALTO) LAS CONSECUENCIAS NEFASTAS DE LOS DÉFICITS DESCONTROLADOS

El Congreso se despachó con la cuchara grande al aprobar un presupuesto del Estado para 2023 al que le aumentó Q1.5 millardos más que lo Dictaminado por la Comisión de Finanzas Públicas; y, si a dicha aprobación se suman las “ampliaciones pre aprobadas” incluidas (anti técnicamente) en el Decreto 54-2022, por Q2.2 millardos, entonces el verdadero techo presupuesto alcanzará la exorbitante suma de Q117.7 millardos. Con ello, el déficit fiscal aumentará el año próximo a ¡Q22.2 millardos!, equivalentes al 2.9% del PIB, ya por encima de los porcentajes tolerables que para la economía guatemalteca aconsejan los expertos internacionales.

El desconocimiento económico se ha vuelto una forma de orgullo político

Y, claro, los gastos adicionales aprobados a última hora no tienen ningún destino productivo: se despilfarrarán en el funcionamiento de la Contraloría, el TSE, el Inacif y los consejos departamentales de desarrollo. Se pasó por alto el hecho de que el gasto fiscal excesivo -que conduce a déficits elevados- suele ser causante de desequilibrios y crisis económicas, tal como lo demuestran la teoría económica y, muy claramente, la historia de muchos países, incluyendo el nuestro. El gasto público desordenado genera mayor endeudamiento y, eventualmente, mayores cargas impositivas y sociales, de los que se derivan luego problemas políticos y económicos muy graves que, a fin de cuentas, afectan el potencial de crecimiento y de empleo de la economía.

Las consecuencias nefastas de la expansión deficitaria del gasto fiscal no son solo cuestión de historia y de teoría económica, sino que se están sufriendo hoy en día alrededor del mundo. Un estudio reciente de Reserva Federal estadounidense reconoce que el estímulo fiscal aplicado durante la pandemia de Covid-19 en los países industrializados impulsó el consumo de bienes sin ningún impacto perceptible en la producción, generando un exceso de demanda que ha sido el principal culpable de la crisis inflacionaria que hoy afecta el plantea. De manera que el presupuesto expansivo aprobado la semana pasada no solo es nocivo per se, sino que va a contrapelo de lo que el momento económico aconseja: estamos en una crisis inflacionaria que reclama prudencia macroeconómica y restricción del gasto superfluo.

El presupuesto aprobado para 2023 resulta, cuando menos, imprudente. Descartando la mala fe (porque a nadie conviene que Guatemala pierda la excelente reputación macroeconómica que tanto esfuerzo ha costado obtener), lo único que explica dicha aprobación es la generalizada ignorancia sobre conceptos elementales de economía y de política económica que prevalece en el estamento político (sin mencionar el significativo hecho de que un diputado admitió haber emitido su voto en completo estado de ebriedad). Casualmente, hace unos días el escritor Antonio Muñoz opinaba en el diario El País (España) que hoy, en la política alrededor del mundo, vivimos una “edad de la ignorancia", donde “el desconocimiento ya no se disimula; ahora es un mérito, una señal de orgullo, un desafío contra expertos y avinagrados”. Ni modo, son los signos de estos tiempos.

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