CIVILIZACIÓN, CULTURA Y GENEROSIDAD
19/diciembre/2022
EN LA GENEROSIDAD SE ENCUENTRA EL ORIGEN DE LA CIVILIZACIÓN Y LA EVOLUCIÓN DE LA CULTURA
La Doctora Margaret Mead fue pionera entre los antropólogos estadounidenses al aplicar técnicas de psicología moderna para estudiar la evolución cultural humana. Leí hace poco que, en cierta ocasión, en una de sus conferencias universitarias, un estudiante le preguntó cuál podría ser, en su opinión, la señal más antigua de civilización en una cultura: ¿sería algún utensilio -como una piedra de moler-? ¿o un arma -un hacha, quizá-? ¿un vestigio de arte rupestre? No. La respuesta de la profesora Mead fue sorprendente… y brillante: el primer signo de civilización en una cultura antigua fue un fémur humano que se había fracturado y luego sanado.
En el acto de ayudar a un congénere necesitado radica el comienzo de la civilización de la especie humana
La explicación de la profesora fue que, en el reino animal, cuando un individuo se fractura una pata, inevitablemente muere a consecuencia de ello, pues queda incapacitado para escapar de los depredadores, para acudir al abrevadero a hidratarse, o para conseguir alimentos. Un animal lisiado por una quebradura no es capaz de sobrevivir el tiempo que el hueso roto necesita para pegar y sanar. Por ello, el hallazgo de un fémur fracturado y curado es la evidencia de que otro individuo abandonó sus ocupaciones para levantar a quien se fracturó la pierna, asistirlo para llegar a un refugio seguro, cuidarlo, alimentarlo y ayudarlo a recuperarse. En el acto de ayudar a un congénere necesitado -explicó la profesora Mead- radica el comienzo de la civilización de la especie humana.
Si a partir de la solidaridad comienza la civilización, la cultura se genera por la capacidad humana de transmitir conocimientos, habilidades, costumbres y creencias. Dicha transmisión hace posible el surgimiento y mejora de la tecnología y del bienestar material de las sociedades. Ese intercambio entre seres humanos, que nos hace evolucionar y progresar, es también un ejercicio de solidaridad. Podríamos decir que la generosidad, aunque hoy sea un término cursi y pasado de moda, ha sido un motor de la civilización y de la evolución cultural.
En cambio, un término que sí está de moda es “resiliencia”, que es la capacidad (de las personas, las empresas, las economías y las sociedades) de adaptarse, recuperarse y crecer ante la adversidad. Curiosamente, la resiliencia en los individuos (que conlleva varios factores, incluida la competencia social, el perdón, la empatía, la autonomía y la capacidad de resolución de problemas) se potencia ejerciendo la generosidad, dando a los demás. Varios estudios han encontrado que las personas que son generosas con el prójimo tienen altos niveles de resiliencia. Margaret Mead sabía que, además, la generosidad es una excelente terapia contra la ansiedad, la soledad y la depresión (los males de nuestra era). Hay muchas formas de dar a los demás, no solo donando dinero o bienes (que, aunque importante, no siempre es posible), sino dándoles nuestro tiempo, atención, cariño, consejo y conocimientos. Que esta época navideña sea propicia para poner en valor el concepto de generosidad y para practicar la solidaridad. ¡Felices Pascuas de Navidad!