EL DILEMA DE LA POLÍTICA MONETARIA

14/abril/2008


EL BANCO DE GUATEMALA DEBE ELEGIR ENTRE CONTENER LA INFLACIÓN O EVITAR UNA DESACELERACIÓN ECONÓMICA, UN DILEMA QUE EXIGE DECISIONES TÉCNICAS Y NO POLÍTICAS

La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística dio a conocer que la tasa anual de inflación alcanzó un 9.1% en marzo. Malas noticias para el Banco de Guatemala, institución encargada de ejecutar la política monetaria establecida por su Junta Monetaria, la cual se propuso como meta para diciembre de 2008 que la inflación anual no exceda de 7%. El principal instrumento a disposición del banco central para alcanzar dicha meta, según su actual esquema de metas explícitas de inflación, consiste en ajustar la tasa de interés (líder) a la cual recibe depósitos a corto plazo en operaciones de mercado abierto. Alzas en dicha tasa inducirían una reducción en la cantidad de dinero circulante, o una reducción en el crédito bancario, o un aumento en el ahorro (por un menor consumo), o todo lo anterior, con lo cual se lograría moderar las alzas en el nivel general de precios.

Subir la tasa puede enfriar la inflación, pero también la economía

El dilema surge cuando, en una situación como la actual, la amenaza inflacionaria coexiste con una amenaza de menor actividad económica. En tal escenario, el alza en la tasa líder puede contribuir a aminorar la inflación, pero a costa de empeorar la desaceleración económica. No es de extrañar, entonces, que surjan incluso en el seno de la propia Junta Monetaria, opiniones encontradas. De un lado estarían quienes creen que la tasa líder no debe aumentarse porque, por una parte, prevén que la producción nacional podría estar entrando en una fase de desaceleración afectada por la turbulencia financiera internacional y, por otra, sostienen que las presiones inflacionarias son esencialmente de origen importado, ya que los precios de gran cantidad de productos primarios –incluyendo petróleo, maíz, soya y trigo- han estado aumentado rápidamente en todo el mundo causando inflación en la mayoría de países en desarrollo, por lo que es poco lo que al respecto puede hacerse internamente.

De otro lado estrían quienes creen que la inflación importada explica sólo una parte del incremento de precios, por lo que el banco central debe actuar para corregir tanto los excesos de dinero o de demanda agregada que puedan existir en la economía, como las expectativas de mayor inflación que podrían estar atrincheradas en el comportamiento de los agentes económicos y, con ese fin, debe aplicar los instrumentos a su alcance en cumplimiento de su mandato legal y de la metas establecidas por la Junta Monetaria. Además, sostienen que Guatemala forma parte del grupo de economías que hasta ahora han sido poco afectadas por la recesión estadounidense y que continuarán creciendo por encima de su promedio histórico, aunque menos vigorosamente que en el pasado par de años.

Cuál de las dos opiniones prevalezca, y la resolución del dilema planteado, dependerá de si las autoridades confieren más importancia al temor de que la inflación se agrave, o si se la confieren al temor de que la economía se desacelere más allá de lo previsto. Es esencial que, cualquiera que sea la decisión que se adopte al respecto, ésta se inspire en el interés nacional y se base en el análisis técnico de cifras objetivas, así como en la opinión de expertos, en vez de basarse en preconceptos ideológicos o en intereses políticos o gremiales.

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